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La Coctelera

Guntiñas people

21 Mayo 2008

ROTURA PREMATURA DE MEMBRANAS

Alicia Guntiñas Castillo

Médico Especialista en Ginecología y Obstetricia. Miembro de la SEGO.

Ecografista nivel 3. Miembro de la SESEGO

Cirugía Ginecológica General y Endoscópica (Laparoscopia e Histeroscopia).

Técnicas de Reproducción Asistida: IAC, FIV, ICSI, … Socio de ANACER

Consulta: Instituto de Ginecología y Medicina de la Reproducción (Ordás y Palomo)

Cirugía: Clínica Cemtro (1º Cirujano), Ruber Internacional (2º Cirujano. Ayudante del Dr. Ordás)


(Ver artículos publicados por Guntiñas People en la coctelera)

VERSIÓN PARA PACIENTES y ESTUDIANTES

Se entiende por rotura prematura de membranas (ROM), la pérdida de integridad de las membranas ovulares antes del inicio del parto, con la consiguiente salida de líquido amniótico (LA) y la puesta en comunicación de la cavidad amniótica con el canal endocervical y la vagina.
Aproximadamente el 80% de los casos de RPM ocurren a término y van seguidos del inicio del parto en cerca del 90% de las ocasiones en un plazo de 48 horas.
Para orientar el tratamiento, resulta útil clasificar las RPM según la semana de gestación en la que tuvo lugar la rotura

- Más de 35 semanas (“fetos maduros “)
- Entre 26 y 34 semanas (“fetos inmaduros”)
- Menos de 26 semanas (“fetos pre-viables”).

Estas cifras deben tomarse tan sólo de forma orientativa y en cualquier caso serían modificables en función de las características de las propias Unidades Neonatales y de los resultados perinatales de cada Centro.
Diagnóstico

El diagnóstico de la rotura de membranas se basa en los datos que aporta la anamnesis y la exploración. La observación por parte del clínico de la salida del líquido amniótico a través del cérvix o de los genitales externos es suficiente para confirmar el diagnóstico.
Si la salida de líquido ha sido importante, la única duda podría ser que se tratara de orina. En estos casos la colocación de un espéculo en condiciones estériles puede confirmar el flujo de líquido haciendo toser o hacer esfuerzos con la prensa abdominal a la mujer, o dejándola semisentada con una comprensa seca y volviendo a colocar el espéculo posteriormente.
Además del diagnóstico de la RPM es muy importante establecer con exactitud la edad gestacional, tomando en caso de duda la más distante del término para decidir la actitud terapéutica.
Tratamiento

Para poder decidir el tratamiento más adecuado en cada caso, es asimismo necesario descartar al principio y periódicamente la existencia de coriamnionitis, hipoxia, comprensiones funiculares, desprendimiento de placenta así como posibles malformaciones fetales para poder decidir el tratamiento más adecuado en cada caso.
Actualmente se dispone de suficiente evidencia como para recomendar la profilaxis antibiótica en el tratamiento expectante de la RPM pretérmino.
Los casos con cultivo desconocido o positivo a estreptococo grupo B (EGB) se beneficiarán de la aplicación del protocolo de profilaxis de la transmisión vertical de la infección por EGB durante el embarazo y parto.

Gestaciones de más de 35 semanas:

En gestaciones de más de 34 semanas, la finalización de la gestación ha demostrado mejores resultados que el tratamiento conservado. El riesgo de morbimortalidad severa es bajo cuando el parto tiene lugar poco tiempo después de la rotura de la bolsa. Por otra parte, en estas semanas de gestación los corticoides ya no tiene indicación.

Gestaciones de 26 a 34 semanas:

Dada la alta tasa de morbimortalidad neonatal cuando se produce el nacimiento del feto en este periodo, estaría indicado el tratamiento conservador con la intención de prologar en la medida de lo posible la duración de la gestación. En este grupo de pacientes debe analizarse individualmente el riego de la prematuridad versus el riesgo de la infección y de esta ponderación saldrá la actitud a tomar y que mejor se adapte a cada caso clínico concreto. De una forma resumida se puede señalar que el tratamiento expectante estaría indicado hasta:

1.- que se compruebe la madurez fetal (en los casos que esto sea posible),
2.- aparezcan complicaciones que aconsejen finalizar el embarazo,
3.-
el riesgo de infección supere el riesgo de prematuridad, o
4.- se alcance la semana 34. Este límite de las 34 semanas puede adelantarse en función de los resultados perinatales de cada centro.

Como parte de dicho tratamiento, se propone la utilización de corticoides durante 48 horas y antibióticos profilácticos que han demostrado que alargan el período de latencia.
Una vez se haya decidido finalizar la gestación, la extracción fetal se hará por la vía más segura, en función de la edad gestacional, de la presentación y de las condiciones locales del cuello. En estas semanas de gestación, la extracción de un feto con madurez pulmonar y/o con un peso de 1500-2500 gramos parece de menor riesgo que mantenerlo intraútero con el peligro de una posible infección

Por debajo de las 26 semanas:

En este grupo, las probabilidades de supervivencia son reducidas y en caso de sobrevivir, las secuelas son muy elevadas. Estos datos los deben conocer los padres, a los que conviene hacer partícipes de la decisión a tomar. Por tanto, la decisión de finalizar la gestación o de intentar un tratamiento conservador debe ser individualizada en cada caso.

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